Piel que ataco,
que no se deja ver,
que sangra,
que duele,
que llora ante una bella estampa,
que sufre, que ama.
Que se condena a sí misma por no mostrar lo ajeno, lo no valorado.
Volamos a un allá que nunca fue, jamás volvió.
Cuando añoramos lo que fue y con tanta fuerza lo que vendrá.
Perdemos completamente el sentido de la realidad y la verdad.
Atados a nuestras pieles lisas y ásperas,
rugosas y planas,
cálidas y congeladas;
de ideas,
de sueños,
frustraciones.
Incapaces de lograr, de aceptar que somos nosotros,
dejar atrás esa manera de cuestionarse.
Nuestra piel inerte necesita una mente astuta para salir a flote.
Resurgir de la nada para serlo todo
A.
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